por Emilia Figueroa
Hoy no me siento yo misma. La vida me da igual, si vivo o no vivo, al parecer no me importa.
Simplemente estoy flotando; las cosas pasan por mi lado, me esquivan y yo solo camino. Respiro porque así lo quiere mi anatomía. Mi corazón late porque yo no puedo controlarlo. Estoy dañada, gravemente herida.
Hay un nudo en mi garganta que crece con cada recuerdo. Quiere salir, abandonarme, pero no voy a permitirlo; así como no me permito sentir, hoy solo existo. Estoy gris como el día, estoy gris como me gustaría.
Me reprocho a mi misma y me perdono. No es mi culpa, pero también es completamente mía.
Es como cualquier hoja que cae en otoño. Se desprendió de mis ramas y se perdió con el viento. Juntos pasamos una linda primavera y un hermoso verano, pero aquellas estaciones han terminado. El tiempo ha llegado. Hora de madurar, de crecer, de ser un nuevo árbol y de llenarme de hojas nuevas.
Me facilitaste mucho con esta repentina despedida. Quiero recordarte como alguien que me enseñó el camino hacia la nueva vida; en esta, mis lágrimas no serán tuyas. Prefiero guardarlas y convertirlas en risas. Y al igual que ellas, mis mariposas esperarán, ansiosas de volver a revolotear, emocionadas de conocer a alguien más.
Desconozco como terminará mi historia. Ojalá alguien pueda contarme su final. Ojalá alguien me diera pistas de lo que debo hacer. Ojalá me hubiera arriesgado. Ojalá ya no me importará. Ojalá hoy ya no doliera.
Miro hacia el pasado, creo que siempre lo supe, solo que decidí ignorarlo. Sabía que tú serías quien me enseñaría de algo no correspondido, quien hiciera mi corazón añicos. La única diferencia es que en mi imaginación, mis palabras eran distintas. A mi no debía importarme, porque yo ya sabía que mi corazón no era algo que me pertenecía. Rompelo una, dos veces, las que quieras, igual no importa, ya no me pertenece; siempre ha sido tuyo y tu puedes hacer con él lo que quieras.
Simplemente estoy flotando; las cosas pasan por mi lado, me esquivan y yo solo camino. Respiro porque así lo quiere mi anatomía. Mi corazón late porque yo no puedo controlarlo. Estoy dañada, gravemente herida.
Hay un nudo en mi garganta que crece con cada recuerdo. Quiere salir, abandonarme, pero no voy a permitirlo; así como no me permito sentir, hoy solo existo. Estoy gris como el día, estoy gris como me gustaría.
Me reprocho a mi misma y me perdono. No es mi culpa, pero también es completamente mía.
Es como cualquier hoja que cae en otoño. Se desprendió de mis ramas y se perdió con el viento. Juntos pasamos una linda primavera y un hermoso verano, pero aquellas estaciones han terminado. El tiempo ha llegado. Hora de madurar, de crecer, de ser un nuevo árbol y de llenarme de hojas nuevas.
Me facilitaste mucho con esta repentina despedida. Quiero recordarte como alguien que me enseñó el camino hacia la nueva vida; en esta, mis lágrimas no serán tuyas. Prefiero guardarlas y convertirlas en risas. Y al igual que ellas, mis mariposas esperarán, ansiosas de volver a revolotear, emocionadas de conocer a alguien más.
Desconozco como terminará mi historia. Ojalá alguien pueda contarme su final. Ojalá alguien me diera pistas de lo que debo hacer. Ojalá me hubiera arriesgado. Ojalá ya no me importará. Ojalá hoy ya no doliera.
Miro hacia el pasado, creo que siempre lo supe, solo que decidí ignorarlo. Sabía que tú serías quien me enseñaría de algo no correspondido, quien hiciera mi corazón añicos. La única diferencia es que en mi imaginación, mis palabras eran distintas. A mi no debía importarme, porque yo ya sabía que mi corazón no era algo que me pertenecía. Rompelo una, dos veces, las que quieras, igual no importa, ya no me pertenece; siempre ha sido tuyo y tu puedes hacer con él lo que quieras.
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